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domingo, 8 de marzo de 2015

Almas Solitarias Juntas...


Con tal de no estar Solos...




Con tal de no estar solos
andamos con locos, con idiotas y borrachos,
con mujeres vacías o de moral dudosa.
Mentimos a los padres,
juramos en vano,
entregamos la piel y comprometemos nuestros sueños.
Cruzamos la calle a ciegas
con el primero que nos da la mano.


Con tal de no estar solos
montamos una gran farsa a la que llamamos AMOR
(así, con mayúsculas)
Sacando conejos muertos de una chistera,
barajando con trampas nuestras cartas
y haciendo trucos malos con espejos,
para no darnos de bruces con la realidad
y alejar de nosotros el miedo
a estar solos.

Porque, con tal de no estarlo, o de no parecer que lo estamos,
pasamos hambre, despilfarramos dinero,
oímos sin escuchar,
abrazamos sin abarcar,
y nos convertimos en autómatas desesperados, 
olvidando lo hermoso que es sentarse a esperar
a que las cosas, sencillamente, sucedan.

El olor a jazmín de las noches de verano
y el hallazgo inesperado de lo auténtico,
que nos ha de encontrar desprevenidos, despojados de artificios,
sin adornos, desarmados y tranquilos. 
Liberados de todo lo que pesa y esclavos de lo vaporoso, lo ingrávido…


Dejarse llevar…



Pero con tal de no estar solos,
ni siquiera un momento,
seguimos buscando y seguimos fingiendo.
Maquillamos lo que se ve, y lo que no también,
por temor a que descubran nuestros defectos
y la fragilidad que se esconde tras ellos.
Nos apremia el desamparo, la angustia y la prisa…
de modo que nos devora la noche y nos sorprende el día
casi siempre en el lugar inadecuado, 
donde un incómodo silencio
(y un dolor en el pecho)
nos reprochan una y otra vez
todas esas tonterías que hacemos,
unos y otros,
ahora y siempre,
con tal de no estar solos. 


Ana Elena Pena- "Sangre en las rodillas"

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