Es difícil expresar lo que siento cuando estoy a su lado, es doloroso describir como pasan los segundos casi agonizantes mientras espero que su mirada choque con la mía; no se alcanzaría a imaginar los nervios que me dan cuando estoy sentada junto a él y cuando me entran las ganas de agarrarle una pierna; no se ha dado cuenta que cuando mientras habla, le miro intermitentemente a los labios un poco juguetones y creídos; no sabe cuantas veces me he imaginado que me toma de la mano; no lograría entender la loca emoción que me da cuando me doy cuenta que me mira de reojo; no sabe la felicidad que me da el saber que voy a verlo.
Pero, igualmente no lograría entender mi tristeza cuando simplemente me deja de lado; cuando entre ambos hay silencios incómodos; cuando decide irse dejando un vacío interminable en mi desgraciado ser; no podría calcular el dolor que me da al escucharle hablar sobre otras mujeres; al ver que paso a un segundo plano mientras mira imparable la pantalla del celular, al saber que no desea sentarse a mi lado, cuando se queda silencioso en el rincón más recóndito del universo.
Es una triste mezcla de sentimientos y emociones, y lo que no me gusta es el sufrimiento que genera en mí.
Alguien me dijo hace poco:
“Dile lo que sientes, no sabes las oportunidades que uno deja pasar por miedo”.
–“Es triste vivir con la pregunta ¿qué hubiese pasado si tan solo…?”
Y la que más me gusto:
-“Muchas veces la otra persona está más aterrada que nosotros en decir lo que siente, quien quita que él sienta lo mismo”.
Si ésta última fuese cierta, mi vida (al menos por ese instante) sería una fuente de macabra felicidad. El dilema está en aventarse o no hacerlo. La voz alocada en mi cabeza dice que lo haga, pero algo en mi interior me detiene; la duda me carcome, pero el miedo a un rechazo peor que el de ahora, me mata cualquier oportunidad de imaginarme aunque sea un minuto a su lado.
“Nosotros debimos estar juntos. Permanecer juntos.
Yo debí buscarte menos, provocarte más.Tú debiste quedarte.
Debimos quedarnos juntos, viajar por el mundo en mi cama,
deshacer las almohadas, soñar, volar, quedarnos.
Debí verte más los dientes, hacerte reír, tomarte de la mano y nunca dejarte ir.
Debí no haberte querido tanto,
no hacerte sentir necesario así tal vez te hubieras quedado.
Debí conocerte más antes de enamorarme,
debí enamorarte más antes de quererte tanto.
Debí y debiste, debimos tanto.”
“Por alguna razón, siento que él es especial.
Siento que él es lo que siempre busque y sin querer lo encontré.
Él no sabe lo importante que es para mi, él ni se imagina que tanto siento por él.
¿Y, sabes? No quiero decírselo nunca.
Es como un amor platónico, le miro, le quiero sin esperar que me corresponda,
pienso en él todo el tiempo,
tal vez piensen que es un amor triste, y puede que con el tiempo lo sea,
pero ahora, ahora es un sentimiento muy especial que me gusta sentir.”
— Elizabeth Damián “Diario de un amor no correspondido”


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